La estabilidad del Mediterráneo está en el centro del debate tras el Foro del Mediterráneo, donde expertos y representantes políticos insistieron en la necesidad de avanzar en un pacto efectivo entre las regiones ribereñas de Europa y África. La colaboración entre ambas orillas busca no sólo gestionar la crisis migratoria, sino también impulsar retos económicos y tecnológicos en la zona.
Uno de los ejes principales del encuentro fue la preocupación por la persistente migración irregular desde el norte de África hacia el sur europeo. El conseller de Unió Europea y Acció Exterior de la Generalitat recordó que aún falta la inversión necesaria para respaldar el 'Pacto por el Mediterráneo' presentado por la Unión Europea. Sin fondos adecuados, el acuerdo podría quedar reducido a meras intenciones sin impacto real.
El debate abordó además la percepción europea del Mediterráneo, descrita como una frontera que separa y limita en lugar de unir. El presidente del CIDOB apuntó que Europa prioriza la estabilidad sobre la democracia en la región, con el fin de contener los flujos migratorios, pero subrayó que la crisis no muestra señales de resolverse a corto plazo. En su análisis, la diferencia social y económica entre el norte y el sur del Mediterráneo funciona como un imán que atrae movimientos migratorios constantes.
Frente a esta realidad, las propuestas apelan a un equilibrio en las políticas migratorias, rechazando enfoques restrictivos o violentos. Se plantean estrategias para ofrecer alternativas de desarrollo y cooperación a largo plazo, dejando atrás la visión de Europa como un muro infranqueable.
Además del foco en lo migratorio, la jornada destacó el marco económico y tecnológico que condiciona el futuro del Mediterráneo. La cooperación entre países se considera fundamental para superar las brechas que afectan a la región.
El Foro reunió a figuras destacadas del ámbito político y empresarial, con intervenciones que llevaron al centro la importancia de superar tensiones históricas entre las costas norte y sur, así como la urgencia de transformar la región en un espacio de colaboración con voluntad política y recursos financieros.
