En Valencia, el mercado inmobiliario vive un parón marcado por la brecha entre la capacidad de compra de los interesados y los precios que los propietarios demandan por sus viviendas. Según una encuesta de Sigma Dos para Culmia, más del 70 % de los potenciales compradores no supera un presupuesto máximo de 200.000 euros, cifra que queda muy por debajo de los costos actuales en la mayoría de los barrios.
Un ejemplo claro es el barrio de La Petxina, donde de las más de ocho mil viviendas construidas, apenas tres están a la venta por debajo de ese umbral, todas con características poco atractivas como ser pisos interiores o bajos. La situación refleja cómo la burbuja inmobiliaria ha llevado a muchos vendedores a mantener precios alejados de la realidad, confiando en que siempre aparecerá un comprador con mayor poder adquisitivo.
Esta desalineación ha provocado un desplome en las ventas a pesar de que la demanda sigue presente. Datos de Idealista muestran que, en el primer trimestre, la demanda para viviendas en el rango de 210.000 a 360.000 euros en Valencia cayó un 25 %. Mercados similares como Madrid, Barcelona y Málaga experimentan también descensos significativos en contactos de compradores, evidenciando un enfriamiento generalizado.
El cierre del acceso a créditos por parte de los bancos y la imposibilidad para muchos compradores de alcanzar las exigencias de precio han llevado al sector a un momento de espera y observación, conocido en la jerga inmobiliaria como "esperar y ver". Esta fase suele anticipar una corrección en los precios, ajustándose finalmente a los límites que la oferta y la demanda marcan.
