El sector de la patata nueva en Andalucía atraviesa un momento complejo pese a su recuperación significativa en los últimos años. Este cultivo, que produce cerca del 17% del total nacional, enfrenta una caída de precios provocada por la coincidencia de cosechas y la competencia extranjera en segmentos clave como la hostelería y la industria de transformación.
La principal dificultad surge de la siembra tardía causada por las lluvias tempranas de la campaña, que ha hecho coincidir en el mercado las distintas cosechas andaluzas en un corto período. Esta saturación del mercado ha provocado un desplome en los precios, ya que la demanda no puede absorber un volumen tan alto en tan poco tiempo.
Además, el sector debe lidiar con la llegada de patata francesa, que no compite directamente en los supermercados, donde la patata española nueva es predominante, sino en los mercados centrales que abastecen a la hostelería y la industria transformadora. Se estima que alrededor del 30% del producto que se consume en estos sectores es de origen francés, lo que presiona aún más los precios y dificulta la expansión de la producción local.
En Andalucía se cultivan actualmente unas 10.000 hectáreas de patata, con otras 5.000 dedicadas a la segunda cosecha que se realiza a finales del año para la recolección durante el invierno. Las principales zonas productoras se encuentran en provincias como Sevilla, Málaga, Granada, Córdoba y Cádiz, concentrándose en la Vega de Sevilla, especialmente cerca de La Rinconada.
El impulso al sector se apoyó en la preferencia creciente del consumidor por la patata nueva frente a la patata vieja, con campañas de supermercados líderes como Mercadona que lograron posicionar mejor este producto en los lineales. Esta diferenciación entre patata nueva y vieja se ha vuelto habitual en las grandes cadenas españolas, valorando así la calidad del producto fresco.
La profesionalización del sector ha sido clave en la evolución positiva de la producción andaluza. Muchos agricultores se dedican casi exclusivamente a la patata y coordinan su trabajo con los distintos actores de la cadena de valor, diseñando programas que permiten aprovechar mejor las temporadas y la segunda cosecha.
Sin embargo, el contexto actual plantea un desafío importante, ya que el solapamiento de la producción interna junto con la competencia externa en la hostelería y la transformación ponen en riesgo las condiciones de mercado y el valor del producto andaluz. La necesidad de gestionar mejor la planificación de cosechas e incentivar el consumo local en todos los canales se vuelve imprescindible para sostener el crecimiento del sector.
