Mickey Barreto consiguió un hecho insólito: tras abonar únicamente la primera noche en el New Yorker Hotel, obtuvo la posesión legal del inmueble y permaneció allí como residente permanente durante cinco años sin volver a pagar. Su estrategia se basó en una laguna jurídica vinculada a una vieja ley de alquileres que protege habitaciones de hoteles construidos antes de 1969.
La clave radica en la Ley de Estabilización de Alquileres de 1969, que contempla la posibilidad de que habitaciones de hoteles grandes, cuyos alquileres en 1968 estaban por debajo de un determinado valor semanal, puedan ser objeto de contratos de arrendamiento con tarifa regulada. Barreto y su pareja comprobaron que el New Yorker Hotel cumplía los requisitos y, tras ser vetados por la administración del hotel, Barreto demandó por desahucio ilegal. El juez falló a su favor, otorgándole la “posesión” de la habitación.
Interpretando esta posesión como un derecho de propiedad, Barreto intentó registrar la habitación de manera individual, pero los registros solo permiten inscribir la totalidad del hotel. Aprovechando la orden judicial, persistió hasta lograr que el registro lo inscribiera como propietario del edificio entero, un inmueble que incluye 41 plantas y más de un millón de metros cuadrados. Este movimiento lo convirtió en un residente con derechos legales sobre el hotel, lo que ha desatado un conflicto jurídico que podría derivar en consecuencias penales para Barreto.
El caso plantea un debate sobre la aplicación de normativas antiguas en contextos modernos, así como las vulnerabilidades de un sistema regulatorio que permitió a una persona transformarse, mediante un recurso legal extraordinario, en dueño de una propiedad emblemática sin comprarla ni pagar por ella.
