El Málaga logró transformar una temporada que empezó en descenso en una lucha vibrante por el ascenso tras el relevo en su dirección técnica. Juanfran Funes asumió el mando a finales de noviembre, en un momento crítico, y logró insuflar confianza y dinamismo a un plantel joven que respondió con un fútbol más valiente y efectivo.
Antes de ese cambio, el club atravesaba dificultades no solo en lo deportivo, sino también en lo financiero y administrativo, lo que complicaba la estabilidad del equipo. El anterior técnico, Sergio Pellicer, no pudo revertir la negativa racha de resultados, y la amenaza de caer en la zona baja de la tabla imponía una seria preocupación.
La apuesta por Funes, un entrenador con fuerte vínculo a las divisiones inferiores y conocido por su capacidad para motivar a futbolistas jóvenes, surtió efecto rápidamente. Su estilo fresco y directo caló en los canteranos que integran buena parte del primer equipo y, como consecuencia, el Málaga empezó una escalada que lo dejó al cierre de la temporada regular a solo un punto de los puestos de playoff.
Este cambio no solo se reflejó en resultados, sino también en la respuesta de la afición, que se volcó apoyando la nueva filosofía del club. La combinación de juventud y atrevimiento devuelve al Málaga una identidad renovada y la esperanza de lograr el objetivo del ascenso, que en agosto parecía lejano.
