La ciudad de Valladolid afronta un cuarto día consecutivo con restricciones en la Zona de Bajas Emisiones (ZBE) como medida para controlar la contaminación por ozono. Desde el inicio de estas limitaciones, solo pueden acceder vehículos autorizados, incluidos residentes con permiso, coches con etiqueta ECO o 0 emisiones, servicios esenciales y transporte público.

Las barreras físicas y la vigilancia policial se han intensificado en puntos clave de acceso, como el cruce del Paseo Isabel la Católica con la Plaza de Poniente y la entrada a la Plaza de San Pablo por la calle San Quirce, para garantizar el cumplimiento de las restricciones. Estas medidas impactan de manera diferente a los vallisoletanos según su movilidad y lugar de residencia.

Para muchos conductores particulares, la restricción supone un desafío diario: deben dejar sus vehículos fuera del área delimitada y optar por caminar o utilizar transporte público. Una vecina de las afueras explicó que esta situación no solo dificulta el acceso, sino que también la obliga a buscar alternativas comerciales fuera del centro, como en zonas comerciales periféricas. En cambio, quienes utilizan habitualmente el transporte público o residen cerca del centro se han adaptado sin grandes inconvenientes y, en varios casos, desconocen incluso las limitaciones activas.

Los residentes dentro de la ZBE mantienen sus derechos de movilidad, según la ordenanza municipal. Esto incluye la circulación y el acceso a garajes, siempre que los vehículos cuenten con la correspondiente etiqueta ambiental. Un habitante explicó que su automóvil cumple con estos requisitos y destacó la disminución evidente de tráfico en la zona durante el periodo de restricciones.

El Ayuntamiento aplicó estas medidas desde el pasado 9 de julio, tras detectar niveles elevados de ozono que activaron el nivel 2 de la Situación de Contaminación. Anteriormente, en junio, ya se habían impuesto limitaciones similares ante episodios de contaminación. Por ahora, las restricciones continuarán hasta el domingo, a la espera de que mejoren las condiciones atmosféricas y se normalice la calidad del aire.