El año 2025 marcó un nuevo pico en la violencia armada a nivel mundial, con 40 conflictos activos, el mayor número desde 2011 según el informe Alerta 2026 de la Escola de Cultura de Pau de la Universitat Autònoma de Barcelona. Este documento analiza la evolución de los conflictos, sus efectos sobre los derechos humanos y la paz, basándose en datos de Naciones Unidas, organismos internacionales y trabajo de campo.

África concentró la mayoría de las guerras, con 17 conflictos, seguida por Asia y el Pacífico con 12, y Oriente Medio con 7. Europa y América registraron solo dos conflictos armados cada una. La tendencia más preocupante es el aumento de las guerras internacionales, con nueve enfrentamientos directos entre Estados o con participación externa, el nivel más alto bajo la metodología actual del estudio. Destacan la escalada bélica entre India y Pakistán, el conflicto entre Tailandia y Camboya y la llamada «guerra de los 12 días» entre Israel, Estados Unidos e Irán, que se reavivó en 2026.

El informe advierte que esta situación refleja un sistema global debilitado, en el que no se prioriza la prevención ni el diálogo para resolver las causas profundas de las disputas. Además, casi la mitad de los conflictos empeoraron en 2025, con un marcado deterioro en regiones como el Sahel Occidental, Sudán, Haití, Somalia, Gaza, Myanmar y la prolongada guerra entre Rusia y Ucrania.

El impacto humanitario de estos conflictos es severo: aumentan las víctimas civiles, los bombardeos afectan zonas densamente pobladas, se destruyen infraestructuras esenciales y se incumplen sistemáticamente las normas del derecho internacional humanitario. Esta realidad agrava las condiciones de vida y pone en peligro el acceso a servicios básicos para millones.

De forma paralela, el informe resalta un retroceso en los derechos de las mujeres en contextos de guerra. En países con alta conflictividad, especialmente aquellos con bajos niveles de igualdad de género, las violaciones a los derechos de las mujeres se multiplican. El 70 % de los conflictos más intensos ocurren justamente en estas naciones, lo que indica que la violencia armada profundiza las desigualdades y vulnerabilidades de género.

Este panorama evidencia la necesidad de fortalecer mecanismos internacionales para la prevención y gestión de conflictos, así como la protección de las poblaciones civiles y la promoción de derechos humanos como base para la construcción de una paz sostenible.