La Copa Mundial 2026 se presenta como el evento deportivo más grande y complejo en términos de seguridad en la historia reciente, al disputarse en 16 ciudades de Estados Unidos, México y Canadá y reunir a 48 selecciones en 104 partidos. Estados Unidos, principal anfitrión, lidera un dispositivo de protección que congrega a múltiples agencias federales, policía estatal, local y cuerpos privados, con el objetivo de garantizar la seguridad de millones de espectadores y dignatarios durante el torneo.
El esfuerzo se complica por factores externos, como la tensión geopolítica derivada de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, el aumento de la violencia política interna vinculada al entorno del expresidente Donald Trump, y la amenaza creciente de ataques o interrupciones tecnológicas a cargo de inteligencia artificial. En este sentido, el despliegue de seguridad utiliza tecnología avanzada, incluyendo drones con capacidad para capturar objetos en zonas restringidas, perros robóticos para inspecciones, camiones equipados con rayos X y miles de cámaras con inteligencia artificial destinadas al monitoreo de espacios públicos multitudinarios.
Andrew Giuliani, encargado del grupo de trabajo de seguridad para la Copa Mundial, consideró que el nivel operativo es equivalente a organizar 78 Super Bowls en menos de seis semanas, en referencia al ciclo de 39 días hasta el inicio del evento. Indicó que, pese a los desafíos, Estados Unidos está preparado para enfrentar esta tarea sin precedentes en el país.
El torneo cuenta con una clasificación de seguridad federal equivalente a la del Super Bowl y cercana a la protección otorgada en investiduras presidenciales o convenciones políticas nacionales, lo que agiliza la coordinación entre todas las agencias involucradas. La celebración coincide con eventos relacionados al 250.º aniversario de la independencia de Estados Unidos, aumentando la necesidad de control exhaustivo y vigilancia constante.
El Departamento de Seguridad Nacional prevé la llegada de hasta siete millones de visitantes vinculados al Mundial. Sin embargo, enfrenta ciertas dificultades internas, como un déficit de agentes en el Servicio Secreto, responsable de proteger a líderes mundiales y estadios. Esta escasez, junto con recientes cuestionamientos sobre la capacidad del Servicio Secreto tras incidentes anteriores, genera presión para garantizar un blindaje sin fallas.
En paralelo, el FBI dedicó dos años a elaborar su plan de seguridad integral, aprendiendo de experiencias pasadas y preparando respuestas coordinadas para prevenir cualquier tipo de amenaza durante los meses que dure el campeonato. A pesar del optimismo oficial, persiste la expectativa de que la gestión será compleja dada la magnitud del evento y la variedad de riesgos en el entorno actual.
