Estados Unidos busca ampliar su presencia militar en Groenlandia a través de la apertura de hasta tres nuevas bases en el sur del territorio, una región semiautónoma bajo soberanía danesa. Estas instalaciones estarían destinadas principalmente a fortalecer la vigilancia marítima en la estratégica zona del “GIUK Gap”, el corredor naval entre Groenlandia, Islandia y el Reino Unido por donde transita parte de la actividad naval rusa y china.
Las negociaciones entre Estados Unidos y Dinamarca se desarrollan en un ambiente discreto y técnico, con contactos de alto nivel confirmados por la Casa Blanca, aunque sin detallar los términos concretos. Dinamarca ha reconocido la existencia de un canal diplomático activo y ha subrayado que cualquier incremento militar en Groenlandia requiere su aprobación oficial, en un contexto en el que históricamente han respaldado la cooperación defensiva en el Ártico con Washington.
El gobierno de Groenlandia también se muestra cauteloso pero abierto al diálogo. Su primer ministro, Jens-Frederik Nielsen, afirmó que las conversaciones avanzan en la dirección correcta, siempre insistiendo en la importancia de preservar la soberanía del territorio. Actualmente, Estados Unidos opera una base militar clave en Groenlandia, la base espacial de Pituffik, ubicada en el noroeste y dedicada principalmente a la vigilancia de misiles y apoyo a la defensa en el Atlántico Norte.
No obstante, Washington considera que esta base tiene limitaciones para el seguimiento marítimo de la región, por lo que busca aprovechar infraestructuras existentes, como antiguos aeropuertos y puertos, para instalar rápidamente las nuevas bases y reducir costos. Este movimiento se enmarca en la creciente tensión geopolítica en el Ártico, donde el interés estratégico se intensifica debido al aumento de la actividad militar y económica de Rusia y China.
La intensificación de estas negociaciones llega después de un episodio diplomático tenso cuando el expresidente Donald Trump sugirió públicamente controlar Groenlandia para evitar que potencias extranjeras expandieran su influencia, generando malestar en Europa. Sin embargo, la actual fase del diálogo se orienta a definir aspectos técnicos y a mantener un marco reservado para evitar confrontaciones públicas.
