España lidera el consumo mundial de benzodiacepinas, medicamentos usados para la ansiedad y el insomnio, lo que refleja un patrón preocupante de sobremedicación en la sociedad. Los paquetes de antibióticos serán próximamente más pequeños para adecuar mejor las dosis, pero esto no soluciona la problemática raíz: la prescripción excesiva de medicamentos.

El catedrático en Farmacología Joan-Ramon Laporte sostiene que más de la mitad de las medicinas recetadas en el sistema sanitario no son realmente necesarias. Según su análisis, esto ocurre en parte porque los médicos interpretan que los pacientes esperan un tratamiento farmacológico para cualquier malestar, en lugar de explicarles que no siempre es preciso medicar.

Laporte califica a la sociedad actual como «intoxicada» y señala que el consumo de hipnóticos está muy concentrado en ciertos grupos: mujeres, personas mayores, desempleados y quienes enfrentan problemas de vivienda. Además, existe una notable brecha social en el consumo de psicofármacos, llegando a ser siete veces mayor en personas con menos recursos económicos que en las que más tienen.

Este fenómeno abre un debate sobre qué se está tratando con estos fármacos: si realmente son enfermedades mentales o si, en muchos casos, se están intentando aliviar malestares causados por circunstancias sociales y económicas. El cuestionamiento plantea la necesidad de repensar las prácticas médicas en función de un abordaje más integral de la salud.