El incendio forestal ocurrido en Los Gallardos, Almería, se extendió con gran rapidez, recorriendo aproximadamente 15 kilómetros en solo dos horas. Esta velocidad se debió principalmente a fuertes rachas de viento que alcanzaron hasta 50 kilómetros por hora, combinadas con temperaturas elevadas y la presencia de vegetación altamente inflamable, como pinares, esparto y matorrales densos.
El terreno escarpado y con abundantes desniveles agravó la situación, ya que dificultó el acceso de las autobombas y maquinarias pesadas. Los equipos de extinción tuvieron que depender en gran medida de intervenciones aéreas y brigadas terrestres que se desplazaron a pie por zonas inaccesibles. Además, la pendiente favoreció la propagación del fuego hacia zonas altas, debido al calentamiento y precalentamiento de la vegetación por delante del frente de las llamas.
El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, explicó que estas condiciones generaron un incendio que se expandió como pólvora y advirtió que la dirección del viento puede cambiar, llevando el fuego a áreas no afectadas hasta el momento. También señaló que los incendios de gran magnitud pueden sobrepasar barreras naturales o artificiales, incluyendo ríos, pantanos y la autovía A-7, lo que complicaría aún más el control de las llamas.
Las autoridades estiman que el incendio ha alcanzado ya más de 4.000 hectáreas afectadas, aunque esta cifra es provisional y depende de mediciones técnicas que continúan en desarrollo. La Agencia de Emergencias de Andalucía habilitó un visor oficial para el seguimiento en tiempo real del avance del incendio y la gestión del dispositivo Infoca, encargado de la prevención, vigilancia y extinción.
En suma, la conjunción de vientos fuertes, temperaturas altas, vegetación seca y la orografía escarpada generaron condiciones excepcionales que impulsaron la rápida expansión del fuego, complicando la respuesta y poniendo en alerta a las autoridades sobre posibles avances hacia zonas aún sin afectación.
