El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, anunció que las tropas de su país cruzaron el río Litani para ampliar su presencia militar en el sur de Líbano. Este avance implica nuevas ocupaciones estratégicas más allá de unos 30 kilómetros de la frontera israelí, consolidando una ofensiva que se extiende hacia Beirut y el valle de la Bekaa.

El despliegue fue confirmado también por el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, quien aseguró que las operaciones terrestres continuarán con el objetivo de debilitar a Hizbulá y alejar la amenaza sobre las comunidades israelíes del norte.

Mientras tanto, el Ministerio de Salud libanés elevó el número de muertos por el conflicto a más de 3.300, con más de 10.000 heridos, en un contexto donde continúan los bombardeos en varias regiones, como Sidón, Nabatieh y Tiro. El daño también se reflejó en áreas urbanas, como en un edificio residencial en Choueifat afectado por un ataque aéreo israelí.

Ante esta situación, el presidente de Líbano, Joseph Aoun, solicitó un alto el fuego inmediato a Estados Unidos y a la comunidad internacional como requisito indispensable para cualquier proceso diplomático que busque detener la escalada bélica.

Al mismo tiempo, Netanyahu confirmó que ordenó ampliar el control israelí sobre la Franja de Gaza, ahora abarcando cerca del 70% del territorio, en una fase avanzada de la ofensiva contra Hamás, que controlaba aproximadamente el 60% según fuentes militares israelíes.

Este escenario genera una alta tensión por los múltiples frentes abiertos, con enfrentamientos activos en Líbano y Gaza, y una fuerte presión internacional para contener la violencia y evitar una mayor expansión del conflicto.