El reciente acuerdo entre Estados Unidos e Irán ha generado inquietud en Israel, que califica la negociación como perjudicial para su seguridad y la estabilidad regional. El pacto no contempla la suspensión definitiva del programa nuclear iraní ni limita el desarrollo de misiles balísticos, lo que despierta alarma en el liderazgo político y militar israelí.

Este memorando de entendimiento se firmó sin la participación directa de Israel, que había iniciado una ofensiva militar junto a Estados Unidos meses atrás. La postergación del debate sobre la retirada de 440 kilos de uranio altamente enriquecido genera temor en Jerusalén sobre una posible dilación estratégica por parte de Irán, mientras que la administración estadounidense podría perder interés en esta cuestión.

En respuesta a la persistente amenaza que representa la milicia libanesa Hizbulá, Israel mantiene una posición firme sobre su presencia militar en las llamadas franjas de seguridad en el sur del Líbano, además de sus operaciones en Siria y Gaza. Estas medidas se justifican como defensa frente a ataques e infiltraciones desde esos territorios, aunque el gobierno estadounidense considera que la campaña contra Hizbulá complica las negociaciones para desbloquear rutas estratégicas y estabilizar precios petroleros.

El ministro de Defensa israelí advirtió que cualquier agresión desde Irán por los acontecimientos en Líbano recibirá una respuesta enérgica. Asimismo, reiteró el compromiso de mantener indefinidamente las zonas de seguridad para proteger la frontera y las poblaciones israelíes frente a grupos yihadistas y proxis iraníes como Hamas y Yihad Islámico.

En contraste con el optimismo estadounidense, Israel expresa frustración por la forma en que Teherán ha logrado vincular sus movimientos militares en Líbano con la mesa de negociaciones, además de la creciente distancia entre el presidente Donald Trump y el primer ministro Benjamin Netanyahu, lo que podría debilitar la alianza estratégica entre ambos países.