La respuesta ciudadana durante la Dana de octubre de 2024 dejó en evidencia el valor de la movilización juvenil en momentos de crisis, con miles de jóvenes que colaboraron en labores de limpieza, distribución de alimentos y apoyo comunitario. Sin embargo, un análisis reciente señala que este compromiso espontáneo no se traduce en una participación real en los procesos de reconstrucción municipal.
Un informe elaborado por la ONG Plan International, con respaldo del Ministerio de Juventud e Infancia, revela que muchos adolescentes se sienten ignorados en la toma de decisiones posteriores a la emergencia. Esta realidad contrasta fuertemente con el modelo japonés, donde la integración de niños y jóvenes en la gestión de riesgos se promueve de forma sistemática desde la educación y las políticas públicas.
El Japón enfrenta recurrentes desastres naturales como terremotos, tsunamis e inundaciones, y por ello ha desarrollado un enfoque que enfatiza la formación desde la infancia para fortalecer la resiliencia social antes de que ocurran las crisis. Esta estrategia, basada en la anticipación y la educación continua, es el eje central de la investigación de Carmen Grau, experta valenciana en gestión de riesgos y miembro del Institute for Sustainable Community and Risk Management en la Universidad de Waseda.
Grau, doctora en Historia Contemporánea, ha realizado trabajo de campo en regiones afectadas como Fukushima y colabora con organismos internacionales en América Latina. Para ella, la diferencia clave no reside en la disponibilidad tecnológica o en los recursos, sino en el momento y modo de actuar. Mientras en muchos lugares la prevención es una etapa relegada, en Japón se considera la fase prioritaria, pues todo lo que no se invierte en preparación afecta directamente la efectividad de la reconstrucción.
La experiencia personal de Grau, marcada por las inundaciones de 1996 en Tavernes, alimenta su compromiso con el estudio de las estrategias de resiliencia. El aprendizaje japonés, explicó, indica que la inclusión activa de la juventud en simulacros, educación ambiental y acciones comunitarias fomenta una población más preparada y participativa.
Ante este escenario, varios ayuntamientos valencianos buscan adaptar estos métodos para mejorar su capacidad de respuesta y prevenir daños futuros tras la Dana. La invitación es a implementar desde temprana edad programas formativos que impulsen no solo la reacción ante emergencias, sino también la planificación a largo plazo con la participación real de los jóvenes.
