La capacidad de producción petrolera de Rusia enfrenta una disminución significativa tras los constantes ataques ucranianos con drones que dañaron refinerías, oleoductos y centros de almacenamiento. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) actualizó su informe mensual reduciendo las previsiones para 2026 y 2027, destacando la erosión progresiva de la infraestructura que sostiene a la industria energética rusa.

En 2025, Rusia produjo cerca de 9,2 millones de barriles diarios, cifra ya afectada por dos años de sanciones y sabotajes. Sin embargo, la AIE observa que este nivel difícilmente se mantendrá en el futuro debido al impacto continuo de los bombardeos en regiones estratégicas como Rostov, Krasnodar y la capital Moscú, donde los daños en instalaciones clave restringen la capacidad efectiva de extracción y exportación.

La ofensiva ucraniana, protagonizada por drones de largo alcance de fabricación nacional, se focaliza en nodos estratégicos como las refinerías de Rosneft en Tuapse y el puerto exportador de Primorsk. Esta estrategia busca tanto mermar la logística militar rusa mediante la interrupción de suministros como disminuir sus ingresos por hidrocarburos, que representan aproximadamente el 40% del presupuesto federal de Moscú.

Distribuidas en ataques reiterados, estas acciones han provocado un deterioro estructural en la capacidad productiva que podría persistir incluso si cesaran los ataques, dada la lentitud de las reparaciones. La dependencia de tecnología occidental para restaurar equipos especializados y el actual régimen de sanciones dificultan la recuperación de las instalaciones afectadas, prolongando las reparaciones por meses.

Analistas externos estiman que los sabotajes han llevado a una pérdida diaria de entre 200.000 y 400.000 barriles en capacidad nominal, aunque las cifras oficiales rusas no reflejan esta merma. Mientras tanto, la AIE evita cuantificar el costo económico exacto, aunque insiste en que la incertidumbre sobre la rapidez y alcance de las reparaciones aumenta la volatilidad en las proyecciones.

Este recorte en las previsiones se produce en un contexto de mercado global tensionado, con una demanda de petróleo que seguirá creciendo alrededor de un 1,2% en 2026 y una oferta limitada de los países OPEP+. La situación afecta no solo a Rusia, sino también al equilibrio de los mercados internacionales, incluido el mercado español, donde la fluctuación de precios se mantiene influida por esta dinámica.