La tradicional ruta migratoria del Estrecho de Gibraltar ha dejado de ser la principal vía de acceso marítimo a España desde África, pasando a representar apenas el 1% de las entradas registradas en 2025. Según el Informe Anual 2026 de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), solo 347 personas llegaron por esta ruta durante todo el año, un descenso drástico frente a años anteriores.
Esta reducción coincide con una caída general de las llegadas marítimas a España, que en 2025 retrocedieron un 46,4% respecto a 2024, pasando de más de 61 mil a casi 33 mil personas. No se trata de una disminución en las causas que impulsan la migración o la demanda de protección internacional, sino del impacto de las políticas migratorias más restrictivas a nivel global que están obligando a los migrantes a elegir rutas más extensas y peligrosas.
Canarias, que durante años soportó una gran presión migratoria, experimentó también un cambio significativo tras el endurecimiento de los controles en Mauritania. Esto desvió los flujos hacia trayectos más largos por el Mediterráneo, como la ruta Somalia-Argelia-Islas Baleares, que comenzaron a consolidarse a finales de 2024.
Además de la notable pérdida de relevancia del Estrecho como paso migratorio, en 2025 no se registraron llegadas por la ruta clásica que conecta Alhucemas y Saidia con la costa malagueña, lo que refleja el fortalecimiento de las medidas de control en el Estrecho y el Mar de Alborán. Estas operaciones están coordinadas desde 2018 por una Autoridad creada por el Gobierno, que trabaja en colaboración con Marruecos para gestionar la migración irregular.
En contraste, Ceuta registró un aumento significativo de entradas por vía terrestre, con un incremento del 39,2% respecto a 2024, aunque las llegadas marítimas disminuyeron en un 85,7%. En total, más de 3.500 personas cruzaron a pie la frontera en 2025, frente a solo cuatro que llegaron en embarcaciones. La mayoría de los migrantes que accedieron a Ceuta procedían de Marruecos e incluyeron menores que ingresaron nadando, una tendencia que se ha extendido también entre nacionales de otros países.
CEAR enfatiza que, pese a las barreras y controles implementados, la necesidad de migrar no ha disminuido, sino que ha obligado a adoptar rutas más arriesgadas, aumentando la vulnerabilidad de quienes buscan protección internacional.
