El estrecho de Ormuz, punto clave para el tránsito marítimo mundial, enfrenta una grave crisis ante las posiciones confrontadas de Estados Unidos e Irán. Mientras Washington asegura que el paso marítimo permanece abierto para la navegación legal, las autoridades iraníes han declarado que tras recientes ataques norteamericanos el estrecho quedó cerrado, aumentando la tensión en la región.

La noche del sábado, Estados Unidos lanzó una nueva serie de ataques contra territorio iraní, a lo que Teherán respondió con lanzamiento de misiles y drones sobre objetivos en Qatar, Kuwait, Baréin y Jordania, provocando daños materiales y una escalada militar con consecuencias regionales.

El Comando Central norteamericano (Centcom) reiteró que el tránsito en Ormuz continúa sin impedimentos, asegurando que Irán no controla esta vía estratégica. Sin embargo, la Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico (PGSA), gestionada por Irán, contradice esta versión al informar que la zona permanecía cerrada debido al contexto bélico. Este intercambio de versiones genera incertidumbre para los países dependientes del suministro energético y el comercio internacional a través de la ruta marítima.

En medio de la escalada, Pakistán, que actúa como mediador en el conflicto, urgió a una desescalada inmediata y promovió el diálogo diplomático como única solución viable, tras los recientes acontecimientos bélicos. Por su parte, tanto Qatar como Jordania manifestaron su condena a los ataques iraníes contra sus territorios, registrando daños pero sin víctimas fatales.

El Gobierno de Omán mostró especial preocupación por los ataques con drones en sus gobernaciones de Musandam y Al Wusta y convocó al embajador iraní para presentar una protesta formal. Además, el ejército jordano confirmó la caída de varios misiles iraníes en territorio nacional, con daños limitados pero un claro impacto en la estabilidad regional.

Desde Israel, el primer ministro Benjamin Netanyahu afirmó en una entrevista que, aunque Estados Unidos busca una solución negociada para la cuestión nuclear iraní, no descartaría el uso de la fuerza si fuese necesario, reflejando la complejidad y el riesgo que implica la situación en el Golfo Pérsico.