El brutal asesinato de Agostina Vega, una joven de 14 años, generó una profunda conmoción en Argentina y activó con renovada fuerza las movilizaciones del movimiento Ni Una Menos, que lucha contra los femicidios y la violencia machista en el país. Agostina fue hallada sin vida tras haber sido asesinada en circunstancias especialmente violentas: fue agredida sexualmente, ahorcada y su cuerpo descuartizado, según las primeras pericias forenses.
El hallazgo se produjo casi una semana después de su desaparición en Córdoba, donde había ido a buscar un regalo para su madre a la casa de un conocido familiar. La indignación ciudadana se tradujo en protestas masivas que derivaron en enfrentamientos con la policía durante las vigilias en su provincia natal. La protesta anual de Ni Una Menos, celebrada poco después en Buenos Aires, contó con la participación de miles de manifestantes que demandaron acciones concretas para frenar la violencia de género, llevando carteles con los rostros de víctimas recientes, incluida Agostina.
Este nuevo femicidio ocurre en un contexto en que el movimiento Ni Una Menos cumple más de una década desde su surgimiento, iniciado tras el asesinato de Chiara Páez, otra adolescente cuyo caso puso en el centro del debate público la problemática de los feminicidios en Argentina. Sin embargo, las estadísticas oficiales muestran una caída en las denuncias de feminicidio, aunque activistas y expertos cuestionan esa cifra y advierten que el gobierno actual no clasifica correctamente los casos, lo que dificulta implementar políticas efectivas. Este fenómeno se da en paralelo con la postura del presidente Javier Milei, quien ha cuestionado y disminuido las iniciativas feministas, impulsando la eliminación del feminicidio del código penal y recortando fondos destinados a la protección y apoyo a las víctimas.
Organizaciones de derechos humanos siguen contabilizando los femicidios, superando ampliamente las cifras oficiales. La presión social exige que se reconozca la gravedad del problema para diseñar respuestas gubernamentales adecuadas. La lucha emprendida por Ni Una Menos mantiene su vigencia y crece en intensidad, reflejando la urgencia de erradicar la violencia machista que atraviesa al país.
