El uso de tropas indígenas en el norte de África por parte de España se remonta a mucho antes de la formación de los Regulares y las unidades del Protectorado de Marruecos. Desde el siglo XVI, la Monarquía Hispánica entendió que mantener sus posesiones en la región exigía contar con soldados conocedores del terreno, las costumbres y las lenguas locales. Así surgieron los primeros cuerpos indígenas, esenciales para proteger las plazas españolas en un entorno hostil y complejo.

Uno de los primeros ejemplos fue la incorporación de los Mogataces, auxiliares indígenas que operaron tras la conquista española de Orán en 1509. Este grupo, integrado por miembros de tribus musulmanas aliadas, mantenía su religión y costumbres pero apoyaba la defensa española a cambio de pactos y remuneraciones. Su principal función era actuar como exploradores y guías, además de realizar tareas de inteligencia clave, como detectar movimientos enemigos y proteger las rutas de suministro. Su trabajo permitió anticipar incursiones y mantener la seguridad de las fortalezas desde dentro del territorio.

Los Mogataces representan un modelo temprano en la cooperación militar entre España y tribus norteafricanas, combinando la disciplina española con el conocimiento local. Sus funciones de reconocimiento, enlace y protección recuerdan a las modernas misiones de inteligencia y exploración táctica en el terreno. Durante más de dos siglos, esta estrategia demostró ser eficaz y sentó las bases para la posterior creación de los Regimientos Fijos de Orán, que formalizaron y ampliaron la integración de combatientes indígenas en las Fuerzas Armadas españolas.