El primer monarca de la dinastía Trastámara en la Corona de Aragón fue Fernando I, quien accedió al trono tras la Asamblea de Compromisarios de Caspe. Su reinado representó la continuidad dinástica después de la muerte sin herederos legítimos de Martín I, el último rey de la casa de Barcelona.
Fernando I nació en Medina del Campo, un importante centro comercial de la Corona de Castilla y León, pero sus raíces familiares se encuentran en una línea ilustre, aunque inicialmente ilegítima, ligada a la monarquía castellana. Su abuelo paterno, Enrique, fue hijo ilegítimo del rey Alfonso XI y recibió el título de conde de Trastámara a una edad temprana, lo que le permitió establecer la base del linaje Trastámara.
El nombre Trastámara proviene de un territorio señorial ubicado en el noroeste de Galicia, entre el río Tambre y el mar Cantábrico. Su nombre significa literalmente “más allá del Tambre”. Este condado fue inicialmente dominio de la familia Traba hasta que, después de su extinción en el siglo XIII, el señorío pasó a la Corona castellana, que posteriormente lo cedió al hijo ilegítimo de Alfonso XI, dando origen a la dinastía Trastámara.
Antes de Fernando I, otro Trastámara ya había intentado tomar el poder en Castilla. Su abuelo, Enrique II, lideró la rebelión noble durante la Primera Guerra Civil Castellana y destronó a su hermano legítimo, Pedro I. Este episodio fue fundamental para sentar las bases del ascenso de esta rama familiar al poder, a pesar de su estatus inicial como una línea ilegítima dentro de la dinastía real castellana.
La llegada de Fernando I al trono de Cataluña no solo significó un cambio dinástico, sino también la consolidación de los lazos entre las Coronas de Aragón y Castilla. Su nombramiento dentro de la Generalitat, registrado en documentos oficiales, simbolizó el reconocimiento de su autoridad y la integración de su linaje en la monarquía de Barcelona. Esta unión de casas reales marcó un nuevo capítulo político e histórico en la península ibérica.
