Perú vive otro capítulo decisivo en su historia política con la celebración de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, en la que más de 27 millones de ciudadanos están llamados a elegir entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez. Este proceso busca definir al noveno presidente que gobernará en un país que ha atravesado una década de profundas crisis y cambios abruptos.

La jornada electoral se desarrolló bajo estrictos horarios, con apertura de mesas a primera hora de la mañana y cierre al caer la tarde, tras lo cual comenzará un escrutinio electoral que podría prolongarse varios días dados los precedentes de elecciones ajustadas y polémicas denuncias.

Keiko Fujimori, líder del fujimorismo y hija del expresidente condenado Alberto Fujimori, representa la continuidad de un modelo político que marcó la historia del Perú durante los años noventa, caracterizado por su legado controversial ligado a la dictadura y corrupción. La candidata intenta llegar a la presidencia por cuarta ocasión consecutiva, después de tres derrotas en segundas vueltas anteriores.

Por su parte, Roberto Sánchez ofrece una propuesta de cambio con una fuerte vinculación al expresidente Pedro Castillo, actualmente preso por su intento de golpe de Estado. Su campaña se apoya en reivindicar a los sectores rurales y populares que vieron en Castillo una figura de resistencia frente a las élites tradicionales, representadas simbólicamente por Fujimori.

Este enfrentamiento electoral vuelve a polarizar al país entre fujorimorismo y antifujorimorismo, fuerzas que han dominado el escenario político peruano desde la década de los noventa, con resultados cerrados en las últimas contiendas. En años recientes, la competencia ha sido tan ajustada que los resultados finales generaron controversias y cuestionamientos de fraude, particularmente por parte de Fujimori en las elecciones de 2021.

La elección de hoy se celebra en un clima electoral complejo, después de que la primera vuelta sufriese retrasos en la apertura de mesas y denuncias de irregularidades, lo que mantiene la incertidumbre sobre la aceptación del resultado final por parte de los contendientes.