En Estados Unidos, un sistema automatizado de lectura de matrículas llamado Flock permite a las autoridades seguir y registrar los movimientos de cualquier vehículo en tiempo real y a lo largo del tiempo. Esta herramienta ha contribuido a resolver cientos de miles de crímenes anualmente, desde atropellos con fuga hasta robos de autos.
Sin embargo, la facilidad para acceder al sistema está generando preocupaciones. No se requiere orden judicial para consultar la base de datos, basta con contar con un usuario y contraseña asignados a la policía. Consecuentemente, varios agentes han empleado esta tecnología para controlar y acosar a sus parejas o exparejas. Un caso documentado involucró a un agente en California que consultó repetidamente la matrícula de su expareja y familiares, usando la información para seguir sus movimientos físicos y acosarla con llamadas y hasta dispositivos de rastreo clandestinos.
Un estudio del Institute for Justice identificó al menos 18 casos conocidos en los últimos años donde agentes usaron ilegalmente Flock para espionaje y acoso, aunque se presume que el número real podría ser mucho mayor. Entre estos episodios reportados se cuentan seguimientos a nuevas parejas y personas desconocidas, destacando un caso donde un policía detuvo a una mujer solo por haber coincidido en un lugar público.
Flock opera a través de una gigantesca red de cámaras que capturan automáticamente las matrículas de los autos que circulan, almacenando los datos en la nube para su análisis posterior. La plataforma genera alertas al coincidir con órdenes de arresto o vehículos reportados, acelerando investigaciones policiales.
La empresa responsable asegura estar al tanto de los incidentes de abuso y sostiene que representan una minoría. Además, destacan que los mecanismos de auditoría incorporados en el sistema han ayudado a descubrir muchos casos, aunque reconocen la dificultad para controlar todas las consultas debido al volumen de datos y usuarios.
Por ahora, no existen mecanismos efectivos para impedir que policías consulten matrículas por motivos personales, lo que abre un debate sobre la privacidad y el uso adecuado de tecnologías de vigilancia en manos de autoridades.
