Durante la cumbre de la OTAN celebrada en Ankara, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que su administración trabaja para levantar las sanciones impuestas a Turquía por la compra del sistema de defensa S-400 ruso, una medida que ha afectado negativamente la relación militar entre ambos países y bloqueado la participación turca en proyectos como el F-35. Trump destacó la buena relación personal y comercial que mantiene con el presidente turco Recep Tayyip Erdogan.

Este gesto de acercamiento pretende revertir las medidas adoptadas durante el primer mandato de Trump, cuando Washington aplicó restricciones severas y exclusión a Turquía, miembro de la OTAN desde 1952, debido a la incompatibilidad del sistema ruso S-400 con la infraestructura militar aliada. Sin embargo, el levantamiento de sanciones enfrenta resistencia en el Congreso estadounidense, donde algunos legisladores se oponen al retroceso, en parte por las tensas relaciones entre Turquía e Israel, que ha expresado su desaprobación por la posible reincorporación turca al programa de cazas F-35.

Por otro lado, la cuestión del sistema S-400 no se ha resuelto. Estados Unidos exige que Turquía se deshaga o reubique los misiles fuera de su territorio, pero la reexportación requiere la autorización de Rusia. Hasta ahora, el sistema permanece almacenado y no desplegado, lo que mantiene la incertidumbre sobre su futuro.

En paralelo a estos temas, Trump reiteró su controversia con Groenlandia, territorio autónomo dentro del reino de Dinamarca. El presidente estadounidense volvió a afirmar que Groenlandia debería estar bajo control de Estados Unidos en lugar de Dinamarca, aunque reconoció que esta postura daña las relaciones con la OTAN. Esta declaración se produce mientras la alianza atlántica busca mantener la unidad entre sus miembros en un contexto geopolítico complejo.