Durante los meses de verano, los aeropuertos de Marruecos, particularmente los de Marrakech, Tánger y Nador, experimentan una gran presión por la elevada demanda de vuelos, con varias conexiones extra programadas que ya van completas. Sin embargo, pese al crecimiento del transporte aéreo, la Operación Paso del Estrecho mantiene su protagonismo al acaparar el 95% del tráfico de la diáspora marroquí, gestionando el desplazamiento de millones de personas a través del mar.
La principal razón detrás de la persistencia del viaje por carretera y ferri es la comodidad que ofrece a miles de familias que residen en España, Francia, Bélgica y Países Bajos. El automóvil permite trasladar en promedio más de cuatro personas por vehículo, con cargas voluminosas que incluyen tanto regalos para los familiares como objetos destinados a la venta durante la estancia en Marruecos. Este método facilita además visitar múltiples ciudades y aldeas, donde aguardan parientes y amigos, y pernoctar en sus hogares sin dificultades.
Por otro lado, los pasajeros que optan por el avión suelen ser residentes en países como el Reino Unido, Alemania, Suecia y Dinamarca. Estos viajeros prefieren los vuelos, habitualmente low cost adquiridos con anticipación, para evitar los altos costos en combustible, peajes y billetes de ferri, así como el esfuerzo que requiere conducir largas horas con el estrés añadido de posibles averías o accidentes. Además, valorizan el ahorro de tiempo: evitar los días perdidos en los trayectos por carretera y las esperas en los puertos de embarque.
Entre quienes favorecen el avión hay una mayor presencia de segunda y tercera generación, hijos y nietos de emigrantes que desde la década de los setenta han buscado arraigarse en Europa. Estos grupos tienden a priorizar la rapidez y la comodidad, sin que les importe demasiado limitar la cantidad de equipaje o regalos que pueden llevar.
No todos los pasajeros que llegan a Marruecos por aire en el verano son migrantes retornando a casa; el flujo turístico europeo también crece, motivado por destinos específicos del país, precios competitivos en alojamientos y la percepción de seguridad que promueven influencers en redes sociales.
