El lugar donde una persona vive influye decisivamente en su condición física y estado de salud. Más allá de la genética o la fuerza de voluntad, factores externos como la infraestructura urbana, la economía de los alimentos y la disponibilidad de espacios deportivos determinan si una ciudad impulsa estilos de vida activos o fomenta el sedentarismo.
Un estudio reciente basado en datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición y la Fundación Gaspar Casal, ha identificado una marcada desigualdad territorial en España en relación con el índice de masa corporal, los niveles de obesidad, el tiempo dedicado a la actividad física y el acceso a gimnasios o espacios públicos para entrenar.
Las diferencias geográficas se explican por tres factores fundamentales:
- Diseño urbanístico: Las ciudades con redes de carriles bici, parques grandes y accesibles, y zonas que invitan a caminar facilitan que sus habitantes realicen actividad física diaria, mientras que las localidades dependientes del automóvil incrementan la inactividad.
- Economía alimentaria: El acceso y coste de alimentos frescos y nutritivos varía según la región, favoreciendo en algunos lugares el consumo de productos ultraprocesados más baratos y calóricos, que afectan negativamente la salud.
- Distribución de centros deportivos: La presencia de gimnasios, polideportivos y espacios para entrenamientos accesibles democratiza el ejercicio físico, un privilegio que no todas las regiones poseen en igual medida.
Este fenómeno, conocido como el "Efecto Código Postal", evidencia cómo el entorno social y físico puede sabotar los esfuerzos individuales por mantener un cuerpo tonificado, y refuerza que la salud pública requiere políticas que consideren estas disparidades territoriales para promover estilos de vida saludables de manera equitativa.
