Estados Unidos y China acaparan la mayor parte del poder informático mundial dedicado a la inteligencia artificial (IA), controlando alrededor del 90% de esa capacidad. Juntas, estas dos potencias concentran entre el 70% y el 80% de la inversión global en sistemas algorítmicos, consolidando su protagonismo en una carrera tecnológica que refleja tensiones geopolíticas contemporáneas.
El avance chino sorprendió cuando en enero de 2025 la empresa DeepSeek, una compañía pequeña y poco conocida de Hangzhou, lanzó un modelo de IA tan potente como los desarrollados por gigantes tecnológicos estadounidenses como OpenAI, Google o Anthropic, pero con un coste considerablemente menor. Este hecho renovó la competencia entre ambos países, ya comparada con la rivalidad de la Guerra Fría, y motivó a Estados Unidos a eliminar regulaciones para acelerar su desarrollo tecnológico.
En ese año, Estados Unidos presentó 59 modelos destacados de inteligencia artificial, frente a 35 de China, según el AI Index Report de la Universidad de Stanford. Entre los 20 modelos de lenguaje más avanzados del mundo, la mitad pertenecen a empresas estadounidenses como Anthropic, OpenAI, Google, xAI, Meta y Nvidia; mientras que China aporta nueve, a través de compañías como Alibaba, MiniMax, Moonshot, Xiaomi, DeepSeek y Z. ai. Europa, en cambio, solo cuenta con un representante entre los más potentes: la empresa francesa Mistral.
El dominio estadounidense no solo se debe a la calidad tecnológica, sino también a la fortaleza del sector privado, alimentado por el capital riesgo. En 2025, la inversión privada en IA en Estados Unidos alcanzó 285 mil millones de dólares, cifra 23 veces superior a la de China, y se crearon casi dos mil startups dedicadas a modelos generativos en ese país. Un estudio de la OCDE devela que tres cuartas partes de toda la inversión mundial en IA del año pasado se concentró en Estados Unidos, lo que le proporciona una ventaja estratégica crucial para financiar y desarrollar los modelos más complejos y costosos, además de construir centros especializados para su entrenamiento.
Este escenario multipolar desafía la idea de una simple pugna bilateral, aunque la narrativa de colisión entre bloques ha resurgido con fuerza en Washington y Silicon Valley. Algunos expertos alertan que esta visión podría transformarse en una profecía autocumplida, alimentando una competencia que impide la cooperación y aumenta los riesgos globales asociados al rápido despliegue de la inteligencia artificial.
