Una familia vive atrapada en su propio hogar desde hace más de veinte días, sin poder abandonar el edificio debido a la falta de un ascensor operable tras un incendio ocurrido en su domicilio. La imposibilidad de movilizar sus sillas eléctricas por las escaleras les ha confinado al salón, donde las altas temperaturas superan los 30 grados día y noche.
El incendio inició con un fuerte estruendo y un olor intenso a comida quemada que alertó a Latifa, quien al abrir la puerta fue recibida por una nube negra que les impedía salir. Su hijo mayor, Abdellah, que depende de un respirador y sufre una enfermedad degenerativa, fue rescatado de forma arriesgada por vecinos. Otro hijo, Ishak, de 12 años, también fue evacuado, mientras que Latifa fue la última en salir. El tercer hijo, Khalid, se encontraba en rehabilitación y no estuvo en el lugar del siniestro.
Tras el incendio, la familia fue trasladada a un centro residencial, aunque Ishak no pudo ingresar debido a la falta de red familiar. La separación de los cuatro provocó que abandonaran el centro, prefiriendo estar juntos, aunque eso implicara quedarse encerrados en un hogar con dificultades de accesibilidad.
Actualmente, Latifa y sus hijos permanecen en el domicilio afectado, donde el ascensor continúa fuera de servicio y las sillas eléctricas bloqueadas en la escalera. La madre se encarga del cuidado constante de sus hijos, quienes enfrentan limitaciones físicas graves, mientras aguardan una solución para recuperar su movilidad y poder salir nuevamente de la vivienda.
Este caso expone cómo un incendio puede afectar de forma duradera a personas con discapacidad y la importancia de que las infraestructuras residenciales se adapten a sus necesidades para asegurar su seguridad y autonomía.
