El Seminario Diocesano de San Froilán destaca como un enclave arquitectónico emblemático de León, cuya construcción comenzó en la última década del siglo XIX y continuó hasta la mitad de los años veinte del siglo XX. Su origen se remonta a una iniciativa del Obispo Gómez Salazar, quien en 1886 encargó al arquitecto Juan Bautista Lázaro diseñar un seminario completamente nuevo. Las obras iniciaron en 1894 con la edificación de una iglesia neogótica que marcó el carácter inicial del conjunto.
Después de un primer tramo de construcción desarrollado con un ritmo irregular, el proyecto evolucionó bajo la dirección del Obispo Álvarez Miranda, quien en 1924 encargó a Manuel de Cárdenas la finalización del edificio hacia la plaza de Regla. Cárdenas diseñó una fachada de corte clásico y simétrico, que dialoga visualmente con la cercana Catedral sin pretender competir con ella. La combinación de materiales como el ladrillo, la piedra artificial y el revoco, junto con elementos decorativos, realzó la pureza y majestuosidad de la estructura.
La fachada principal se organiza en tres niveles: la planta baja está revestida en ladrillo con vanos de medio punto; el segundo nivel presenta columnas que enmarcan huecos y entrepaños decorados con placas octogonales; y el tercer nivel alterna ladrillo sobre alfeizares con vanos arqueados y pilastras que sostienen un friso y balaustrada pétrea, aunque algunas partes como pináculos fueron eliminadas con el tiempo. A los lados, dos torres rematan el edificio con balcones de hierro y cuerpos arqueados que lucen blasones.
Entre los detalles más llamativos, sobresale la portada pétrea centrada en la fachada, que incluye un vano en arco carpanel, pilastras cajeadas y un balcón volado con antepechos de forja. Sobre esta estructura se sitúa una clásica hornacina avenerada destinada a albergar una imagen religiosa, todo ello culminado por un frontis ornamental con placa rotulada, frontón y aguja coronada por una cruz y veleta.
Este edificio refleja influencias de modelos decimonónicos regeneracionistas, posiblemente inspirados en el Seminario de las Vistillas de Madrid, aunque su diseño esquiva las corrientes nacionalistas más puras de España para apostar por una corriente regionalista tardía. En su arquitectura se aprecian referencias a la tradición local y a estilos neomudéjares, combinados con formas sobrias y una prematura adopción de elementos del emergente estilo Art Decó.
