Jean Michel Jarre demostró en su concierto en Las Noches del Botánico que la edad no limita su creatividad ni su energía sobre el escenario. Con 77 años, el pionero de la música electrónica ofreció una velada cargada de ritmo y emoción, fusionando sonidos clásicos con la modernidad del baile electrónico contemporáneo.

Desde el inicio, Jarre destacó la influencia artística de España en su obra, mencionando iconos culturales como Velázquez, Goya, Dalí, Gaudí, Albéniz y Rosalía, y resaltó la dualidad del país entre la tragedia del flamenco y su particular alegría de vivir. Esta declaración contribuyó a establecer una conexión inmediata con el público antes de sumergirse en su repertorio.

El espectáculo comenzó con piezas como «Magnetic Fields Part. 1», abriendo paso a una selección variada que conjugó la electrónica experimental con el ritmo bailable, recordando que Jarre es más un creador de temas con estructura pop extendida que un DJ de sesiones continuas. Señaló que la música electrónica nació en Europa, vinculada a la tradición clásica y a la innovación constante, y no en Estados Unidos ni a partir del jazz o el rock.

En esta línea, el francés subrayó la influencia fundamental del grupo Kraftwerk, responsables de traducir el lenguaje de las máquinas en canciones populares y en la base de la cultura techno emergente. Canciones como «Sex In The Machine», «Waterphone» y «Oxymore» marcaron un primer tramo del concierto, sirviendo para acumular energía y preparar al público para experiencias más intensas.

Jarre comparó la creación musical con la cocina, especialmente con la elaboración de una paella, aludiendo a la combinación orgánica de texturas, armonías e ingredientes sonoros. Aunque hizo un guiño al tópico, evidenció la precisión y dedicación con que aborda su trabajo. En esta metáfora, las gafas oscuras con las que tocaba simbolizaban la concentración y dominio técnico, llevándonos a contemplar la música como arte y técnica.

El concierto fue una declaración de vigencia y reinvención, donde el artista francés equilibró la herencia electrónica europea y el espíritu de la cultura pop. Jarre reafirmó ser una figura que, lejos de pertenecer exclusivamente a la cultura de clubes o sesiones ininterrumpidas, crea piezas que invitan a la escucha activa y emocional.