Kane Parsons, el joven director detrás del fenómeno cinematográfico Backrooms, se muestra tajante sobre la inteligencia artificial generativa: la rechaza como herramienta creativa y la considera un reflejo de una decadencia cultural y económica. Sin embargo, reconoce que esta tecnología tiene aplicaciones válidas para optimizar procesos técnicos dentro de la industria del cine.

En una entrevista con un medio australiano, Parsons expresó su preocupación por la falta de regulación en torno a la IA y aseguró que muchas de las imágenes y contenidos generados con esta tecnología contribuyen a una saturación visual carente de valor artístico. Aun así, puntualizó que su interés se centra en analizar y utilizar la iconografía producida por la IA para explorar temas artísticos, más que en emplear directamente la IA para crear obras.

El director sostiene que eliminar la IA del arte sería ideal, pero admite que esta tecnología puede acelerar tareas tediosas y altamente técnicas, como la renderización o el procesamiento de efectos especiales, donde la precisión y rapidez son clave. Destacó que, en muchas empresas, la IA se utiliza principalmente para mejorar la eficiencia computacional, y no tanto para generar contenido audiovisual directamente.

Esta postura refleja un debate cada vez más vigente en la industria creativa, que enfrenta la llegada masiva de herramientas digitales y la necesidad de balancear la innovación tecnológica con la preservación del valor artístico. Parsons advierte sobre el riesgo de vivir en un mundo dominado por una tecnología excesiva, aunque su visión contempla un aprovechamiento cuidadoso y crítico de la IA en áreas más funcionales que creativas.