La percepción de desinformación científica en España ha cambiado significativamente en los últimos años, desplazando la preocupación principal desde la covid-19 hacia ámbitos como la nutrición y el bienestar. Según un estudio elaborado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) dentro del proyecto Iberifier, estos temas concentran la mayor atención negativa entre la población, reflejando una transformación en el tipo de contenidos científicos que generan dudas y confusión.
El estudio se basó en una encuesta a más de dos mil personas mayores de 16 años en España, que reveló que alrededor del 40% percibe la nutrición y el bienestar como áreas saturadas de información falsa o engañosa. Estos datos superan incluso la preocupación por el cambio climático o los tratamientos médicos, y duplican la percepción de desinformación sobre vacunas, un asunto que dominó el debate durante la pandemia. La investigadora Celia Díaz Catalán destacó que esta desinformación no se apoya tanto en grandes conspiraciones, sino en contenidos que influyen en decisiones cotidianas, como qué alimentos consumir.
Además, el estudio aborda el creciente papel de la inteligencia artificial (IA) en el consumo de información científica. Más de un tercio de los encuestados utiliza esta tecnología semanalmente para informarse, aunque existe una notable desconfianza: la mayoría considera que la IA facilita la propagación de rumores y noticias falsas. Sin embargo, un porcentaje importante confía en ella para aclarar dudas y desmentir desinformación. Se observa una brecha notable en el uso de la IA entre jóvenes y adultos mayores, ya que casi el 30% de los jóvenes de entre 16 y 24 años recurre a estas herramientas diariamente, mientras que su uso cae hasta un 7% en personas mayores de 65 años.
El estudio también revela una paradoja en la confianza hacia la ciencia: mientras que el personal científico mantiene un alto nivel de credibilidad, las instituciones vinculadas a la ciencia enfrentan mucha más desconfianza. Este hecho destaca la necesidad de reforzar la alfabetización mediática y el pensamiento crítico para ayudar a la población a manejar contenidos complejos y emocionalmente cargados.
Ejemplos concretos de desinformación vinculada a nutrición y bienestar incluyen la proliferación de perfiles falsos en redes sociales, generados con inteligencia artificial, que promueven suplementos sin evidencia científica. Esta tendencia dificulta distinguir entre recomendaciones válidas y consejos potencialmente dañinos o engañosos, especialmente en un entorno digital donde la inmediatez prima sobre la fiabilidad.
- La nutrición y el bienestar son el principal foco de desinformación según los encuestados.
- La inteligencia artificial se usa ampliamente para informarse, pero genera desconfianza.
- Los jóvenes emplean más la IA para acceder a ciencia que los adultos mayores.
- La confianza en científicos es alta, pero menor en instituciones científicas.
- Los contenidos emocionales y cotidianos facilitan la propagación de desinformación.
