La falta de imparcialidad y la aparente politización en el sistema judicial han provocado una inquietante pérdida de confianza entre amplios sectores de la sociedad. La Justicia, concebida para ser un poder independiente y garante del Estado de derecho, actualmente enfrenta críticas por demostraciones de parcialidad, doble rasero y falta de control interno.

Esta percepción incluye episodios que han generado controversia, como la protección excesiva de ciertos imputados, decisiones judiciales consideradas livianas frente a delitos graves y manifestaciones públicas del gremio judicial que evidencian un fuerte corporativismo. Estas actitudes alimentan la idea de que la Justicia se estaría sometiendo al dominio o influencia de partidos políticos, sin ejercer un juicio riguroso e imparcial.

Uno de los casos más comentados fue la absurda hipótesis de una fuga organizada para Begoña Gómez, señalando una desproporción y falta de seriedad en la evaluación de situaciones relacionadas con temas judiciales complejos. Además, la irreverencia y la contradicción en decisiones que parecen arbitrarias contribuyen a erosionar la legitimidad de las instituciones encargadas de impartir justicia.

La insistencia del sector judicial en evitar una autocrítica profunda y elementos de reforma muestra cómo el corporativismo interno dificulta cualquier intento de recuperación del prestigio y la credibilidad necesaria para cumplir con su rol esencial. Este estancamiento podría debilitar aún más la independencia y el respeto de la ciudadanía hacia la Justicia.