El aislamiento emocional afecta a gran parte de los hombres dentro del colectivo LGTBIQ+, quienes a menudo encuentran difícil sentirse verdaderamente integrados en una comunidad que les resulte acogedora y auténtica. Según un estudio pionero de Orlander, el 73% de este grupo no siente pertenencia genuina a una comunidad, lo que señala un déficit significativo en su bienestar emocional.
Aunque muchos mantienen una vida social activa, predominan relaciones superficiales y falta de confidencias profundas. Más de la mitad de los encuestados reconoce tener dificultades para establecer vínculos estables y sinceros, y un gran porcentaje no cuenta con alguien cercano con quien compartir sus emociones sin temor al juicio.
La aparente contradicción entre la soledad y la vida social se acentúa en un contexto donde las aplicaciones de citas se han convertido en la principal vía para relacionarse. Estas plataformas, según Fabri Orlandi, autor del estudio, son eficaces para encuentros rápidos pero insuficientes para construir relaciones duraderas y espacios de pertenencia.
El estudio también señala que el ocio de este colectivo históricamente ha girado en torno a la noche y el consumo de alcohol, lo que limita aún más la creación de espacios de conexión significativos. La herencia de crecer escondiéndose y autocensurándose permanece incluso tras el proceso de salir del armario, generando barreras para abrirse y relacionarse plenamente.
Entre las pocas áreas fortalecidas, destaca el cuidado físico; un porcentaje mayoritario de los hombres encuestados dedica tiempo semanalmente al cuidado de su cuerpo, reflejando una atención activa en esta dimensión del bienestar.
