El consumo de tabaco no ha desaparecido entre los jóvenes, sino que se ha adaptado con la popularización de vapeadores y nuevos productos de nicotina que se presentan como alternativas menos dañinas, pero que mantienen el riesgo de adicción. Profesionales de la salud advierten que estos dispositivos están favoreciendo la entrada de adolescentes al tabaquismo.

Según una investigación reciente vinculada a la Semana Sin Tabaco 2026, la mayoría de la población percibe los productos como cigarrillos electrónicos o bolsas de nicotina como menos perjudiciales que el tabaco tradicional, pero simultáneamente reconoce que actúan como una puerta de entrada al consumo. Este doble fenómeno genera preocupación en el ámbito sanitario, que observa cómo la industria ha evolucionado y modernizado sus estrategias para captar nuevos usuarios jóvenes.

La farmacéutica Montse Moral, tesorera de la Sociedad Catalana de Atención y Tratamiento del Consumo de Tabaco (SCATT), subraya que el sector tabacalero ha sabido reinventarse con dispositivos más atractivos que eliminan el humo y el olor, pero mantienen el problema central: la adicción a la nicotina. La industria utiliza sabores dulces y afrutados que facilitan la aceptación entre los adolescentes, mientras promociona una falsa sensación de seguridad al remover los aspectos más evidentes del consumo convencional.

Este planteamiento se refleja en datos preocupantes relacionados con la población joven: aunque el consumo de cigarrillos tradicionales ha disminuido, alrededor de una quinta parte de los menores encuestados afirmaron fumar, y todos ellos han consumido vapeadores. Esto evidencia que el consumo juvenil se ha desplazado hacia formas más modernas, pero químicamente dañinas. El denominado "vapeo" no es simplemente inhalar vapor de agua, sino la absorción de sustancias químicas que afectan el sistema respiratorio y pueden generar dependencia.

Moral destaca además la importancia del impacto neurobiológico de la nicotina, que activa el circuito de la recompensa en el cerebro similar al que producen las redes sociales, fomentando la repetición del consumo. La normalización de estos dispositivos y la ausencia del clásico humo y olor permiten que muchas personas jóvenes subestimen sus riesgos.

El informe también menciona nuevas modalidades de consumo, como las bolsas de nicotina, dispositivos que se colocan dentro de la boca y liberan nicotina sin combustión. Estas formas se integran en la estrategia de la industria para diversificar el mercado y mantener la adicción en las capas más jóvenes de la población.

Frente a esta situación, las asociaciones de salud insisten en la necesidad de mantener campañas de concienciación que expliquen los riesgos reales y evitar la glamorización de estos medios como inocuos, recordando que el problema central es la nicotina y la adicción que genera, no el formato.