Las titulaciones de Medicina, Informática e Ingeniería mantienen los mejores indicadores laborales en términos de afiliación a la Seguridad Social y salarios promedio, según un informe de la Fundación Conocimiento y Desarrollo (CYD). Estos grados presentan las tasas más altas de empleo estable y bases de cotización mayores a otros campos académicos, reflejando una clara preferencia del mercado laboral.

Por ejemplo, un ingeniero de Organización Industrial cuenta con una base media de cotización superior a 38 mil euros y una tasa de contratación indefinida cercana al 93%. En Medicina, esta base es aún más elevada, superando los 41 mil euros, la cifra más alta registrada. En contraste, carreras como Educación Infantil y Comunicación registran bases de cotización considerablemente menores, con un mercado laboral más vulnerable y salarios inferiores.

El estudio analiza la situación laboral de los egresados del curso 2018-19 cuatro años después de finalizar sus estudios, mostrando que cerca del 75% de ellos están activos en la Seguridad Social. La inserción laboral varía según la región, siendo La Rioja, País Vasco y Baleares las comunidades con mayor tasa de afiliación, mientras que Andalucía se sitúa en los últimos puestos. Además, las universidades públicas superan levemente a las privadas en la tasa de empleo formal, aunque estas últimas duplican en proporción a sus egresados que trabajan como autónomos.

En titulaciones como Odontología, Fisioterapia y Veterinaria, se observan diferencias notables en la inserción según el tipo de universidad, atribuibles a la mayor presencia de trabajadores autónomos entre egresados de universidades privadas. Esta modalidad laboral representa un segmento significativo en los graduados de estas áreas.

Los expertos consultados advierten que la empleabilidad no debe ser el único criterio para elegir una carrera. Dados los cambios frecuentes en el mercado de trabajo, aconsejan optar por una formación amplia que incluya competencias transversales como el trabajo en equipo, la comunicación efectiva y la capacidad de resolver problemas, además de habilidades digitales actuales, incluyendo el manejo de la inteligencia artificial.

Un aspecto preocupante es la falta de formación en comunicación oral entre los estudiantes universitarios, a pesar de ser una habilidad demandada y básica para el mundo laboral. Según un estudio del Observatorio Social de la Fundación La Caixa, ocho de cada diez estudiantes no reciben esta enseñanza, y muchos reconocen dificultades para expresarse ante audiencias, lo que afecta su desempeño profesional.

Voceros de distintas universidades insisten en que la planificación académica debe analizar periódicamente la adecuación entre la oferta educativa y la demanda del mercado laboral, pero sin limitarse a criterios a corto plazo que podrían perjudicar áreas claves por su impacto social, científico y cultural.

La formación permanente y la adquisición de competencias híbridas son esenciales para garantizar la empleabilidad continua de los graduados, evitando que solo unos pocos tengan acceso a mejores oportunidades. Esto incluye la incorporación de más formación en idiomas, mediación, creación de contenidos y gestión de proyectos, además de tecnología y actualización constante, en un contexto laboral cada vez más dinámico y competitivo.