La amenaza a la democracia no solo viene de enemigos externos, sino que también puede surgir desde el interior mismo de las instituciones. Esta reflexión la presentó Cándido Conde-Pumpido, presidente del Tribunal Constitucional, en medio de un escenario donde su propia historia familiar se entrelaza con la historia política de España.

Conde-Pumpido, originario de La Coruña pero con raíces profundas en Cádiz, recordó los vínculos que unen a su familia con episodios fundamentales de la historia española, desde la Guardia Civil hasta el contexto de violencia terrorista vivido en el País Vasco. Evocó cómo su vida estuvo marcada por un atentado de ETA que cambió su destino y resaltó la complejidad que ha atravesado el país para consolidar su democracia.

En la sede del Tribunal Constitucional, un espacio cargado de simbolismos, se conserva una polvera que, en tiempos de clandestinidad, servía para ocultar los textos de la Constitución de Cádiz. Ese objeto representa la persistencia de la voluntad democrática frente a la represión. Allí también se rinde homenaje a figuras emblemáticas, como Manuel García-Pelayo y Francisco Tomás y Valiente, quienes ilustran la historia y los desafíos del tribunal.

Conde-Pumpido destaca que la labor del Tribunal no es solo jurídica, sino también vital para preservar la democracia frente a las amenazas internas, un aviso dirigido a quienes creen que las instituciones están blindadas contra las fracturas que puede generar la radicalización político-social.

Este enfoque es especialmente relevante en una época donde la estabilidad democrática se pone a prueba por la polarización y la persistencia de discursos extremos. La experiencia de Conde-Pumpido, a partir de su trayectoria y su pasado personal vinculado al terrorismo, aporta una perspectiva única sobre cómo el respeto constitucional es fundamental para evitar la descomposición del sistema desde dentro.