En un contexto de aumento sostenido en los precios de los carburantes, la inteligencia artificial (IA) se presenta como una herramienta accesible para reducir el consumo de combustible. Sin requerir nuevos vehículos o dispositivos complicados, basta con utilizar un teléfono móvil y algunas aplicaciones inteligentes para lograr un ahorro concreto al volante.
Las aplicaciones de navegación como Google Maps, Waze o HERE WeGo no solo ofrecen rutas rápidas, sino que calculan trayectos que optimizan el consumo al evitar paradas y arranques frecuentes, que son los mayores responsables del gasto excesivo de gasolina o diésel. Además, estas plataformas pueden considerar variables como el tráfico en tiempo real, semáforos o pendientes y hasta sugerir horarios de salida para disminuir el tiempo en carretera y el consumo asociado.
Más allá de la elección de ruta, la IA ayuda a mejorar los hábitos de conducción. Plataformas como Microsoft Copilot ofrecen consejos personalizados basados en el perfil de uso del vehículo y sus condiciones habituales. También existen sistemas que, conectados al coche, envían alertas en tiempo real sobre aspectos clave: presión de neumáticos, momento ideal para cambiar marchas o ajustes específicos en el motor para maximizar la eficiencia energética.
Estos cambios incrementales pueden lograr una reducción en el consumo de entre un 5 % y un 15 % durante recorridos urbanos, según estudios de organismos como la Agencia Internacional de la Energía. De esta forma, la IA no solo guía, sino que educa al conductor para aprovechar mejor cada litro de combustible.
Además, la inteligencia artificial funciona como un mecánico virtual que monitoriza el estado del vehículo. A través de dispositivos conectados OBD II y sistemas integrados, detecta fallos menores antes de que impacten en el gasto de combustible, como filtros de aire sucios, bujías desgastadas o presión incorrecta en los neumáticos. Este enfoque preventivo contribuye a evitar consumos innecesarios y a mantener el vehículo en óptimas condiciones.
