La expansión rápida de la inteligencia artificial (IA) en pequeñas y medianas empresas (pymes) ha modificado de forma significativa su exposición a riesgos digitales. Según Check Point, esta transformación sucede sin que muchas organizaciones cuenten con políticas definidas para proteger la información, controlar accesos o supervisar el uso de tecnologías, lo que incrementa la vulnerabilidad frente a ciberataques.

En contraste con el pasado, cuando las grandes compañías mantenían una ventaja tecnológica considerable, hoy esa brecha se ha reducido notablemente. Esto deja a las pymes en una posición más expuesta, enfrentando amenazas que se propagan con mayor rapidez en un entorno cada vez más digitalizado. Check Point destacó esta situación con motivo del Día Internacional de las Microempresas y las Pymes, resaltando que existen aproximadamente 400 millones de estas organizaciones en el mundo, que constituyen cerca del 90% del tejido empresarial global y generan el 70% del empleo.

El fuerte peso económico de las pymes las convierte en un eslabón crítico dentro de las cadenas de suministro digitales: un incidente de seguridad en una empresa pequeña puede repercutir en proveedores, socios y clientes de mayor tamaño. La rapidez con que las pymes adoptan la IA es superior a la de oleadas tecnológicas anteriores, como la llegada de Internet o la nube. Muchas la emplean para automatizar tareas, optimizar procesos administrativos y facilitar la gestión diaria.

No obstante, esta implementación rápida también eleva los riesgos. Check Point advierte que el uso de aplicaciones de IA sin supervisión formal puede conducir a la exposición involuntaria de información financiera, datos de clientes, registros internos o propiedad intelectual en plataformas abiertas. Además, aumentan los intentos de fraude mediante técnicas de suplantación de identidad mediante mensajes de texto, voz o video manipulados, que simulan comunicaciones de directivos o proveedores para engañar a empleados.

Para mitigar este escenario, Check Point propone cuatro acciones preventivas para las pymes:

  • Auditar las herramientas de IA que usan los empleados para detectar aplicaciones instaladas sin supervisión.
  • Establecer límites claros sobre qué datos pueden ingresarse en plataformas públicas de IA, evitando incluir información sensible o estratégica.
  • Implementar políticas internas que regulen y controlen el uso de IA en los procesos empresariales.
  • Capacitar al personal en ciberseguridad para reconocer intentos de fraude y suplantación digital.

Estas recomendaciones buscan que las pymes mantengan la eficiencia que ofrece la IA sin dejar de proteger sus activos más valiosos. La creciente dependencia de esta tecnología exige atención específica para evitar brechas que comprometan no solo a las empresas pequeñas, sino a toda la red de negocios vinculados.