El Palacio de Cibeles fue el escenario de un emotivo encuentro organizado por el Grupo Planeta para celebrar a los finalistas de ediciones anteriores del Premio Planeta, uno de los galardones literarios más destacados y con mayor dotación económica. El evento, que marcó los preparativos de la 75ª edición del concurso, reunió a autores que, aunque no ganaron, han contribuido significativamente al prestigio del certamen.
Entre los asistentes se contaron figuras destacadas de la cultura, la política y la comunicación, incluyendo a la presidenta del Congreso, al ministro de Cultura, la presidenta de la Comunidad de Madrid, el alcalde de la capital y el jefe de la oposición. Más de veinte finalistas participaron, con una notable representación de escritores gallegos como Susana Fortes, Marta Rivera de la Cruz y Ángela Banzas, esta última finalista en la edición anterior.
El presidente del Grupo Planeta, José Crehueras, anunció una novedad relevante para el futuro del premio: a partir de ahora, la entrega física del reconocimiento a los finalistas se realizará el 15 de octubre de cada año. Este gesto formaliza y da mayor visibilidad al papel fundamental que tienen los finalistas en la historia del galardón.
El encuentro sirvió también para que varios ganadores destacados compartieran sus experiencias y el impacto del Premio Planeta en sus carreras. Autores como Fernando Schwartz, Paloma Sánchez-Garnica, Eduardo Mendoza, Dolores Redondo, Javier Sierra y Eva García Sáenz de Urturi destacaron cómo este premio transformó sus trayectorias literarias y les abrió puertas culturales y sociales.
Fernando Schwartz reconoció el valor simbólico del premio, afirmando que tras ganarlo se sintió parte de una cumbre literaria que reúne a autores de diferentes generaciones. Por su parte, Javier Sierra relacionó su novela ganadora con la búsqueda del Grial, identificando el premio como ese “trofeo” esencial.
Eva García Sáenz de Urturi resaltó que su obra premiada, “Aquitania”, significó un cambio de rumbo en su estilo, pasando del thriller a la novela histórica, mientras que Paloma Sánchez-Garnica subrayó cómo la literatura le permitió explorar el pasado y contar episodios clave, en su caso a través del relato del Berlín que transitó hacia el nazismo. Eduardo Mendoza, en cambio, recordó el lado festivo de la experiencia, señalando que aquel premio le brindó un contacto vital con los lectores y la posibilidad de disfrutar plenamente del mundo literario.
Este homenaje a los finalistas se convierte en una reafirmación del valor cultural del Premio Planeta más allá del ganador, reconociendo que el impacto de este galardón se extiende a un amplio grupo de autores que, con sus obras, enriquecen y consolidan el panorama literario hispano.
