España cuenta con una de las mayores redes de presas del mundo, pero esta infraestructura hídrica llegó a su límite. La construcción de nuevos embalses prácticamente se ha detenido, y el país enfrenta un decrecimiento en la capacidad de almacenamiento debido al colmatamiento, la acumulación de sedimentos y barro en los pantanos.
Ante esta situación, algunas regiones como Aragón están optando por una solución práctica: aumentar la altura y volumen de los embalses existentes. En Fraga (Huesca), las obras para elevar dos metros el dique de una balsa que abastece a la ciudad permiten incrementar su capacidad en cerca de 190.000 metros cúbicos, una medida modesta pero representativa de un problema mayor a nivel nacional.
El modelo tradicional basado en la construcción de presas nuevas está agotado. España cuenta con más de 1.200 embalses y una capacidad que supera los 56.000 hectómetros cúbicos, pero las áreas con condiciones para instalar nuevas infraestructuras se reducen, además de que la oposición por motivos ambientales se ha intensificado. Proyectos recientes como Mularroya en Zaragoza o Biscarrués en Huesca evidencian estas dificultades, con paralizaciones y controversias que frenan su puesta en marcha.
Una paradoja creciente es que, mientras se detienen las construcciones, cada año se pierde capacidad embalsada por la sedimentación, calculada en aproximadamente 100 hectómetros cúbicos. Estudios recientes proyectan que en las próximas décadas las precipitaciones pueden disminuir significativamente, lo que agrava la crisis hídrica y hace más necesaria una gestión eficiente del agua almacenada.
Por eso, el recrecimiento de presas existentes aparece como una alternativa viable. La ampliación del embalse de Yesa, entre Navarra y Aragón, sería la obra más significativa, con un incremento potencial superior a 1.000 hectómetros cúbicos de capacidad. Sin embargo, este proyecto, que se considera emblemático, está actualmente paralizado por litigios y resistencia social.
Mientras tanto, iniciativas menores como la ampliación del embalse de Santolea en Teruel ya han avanzado, sumando cerca de 82 hectómetros cúbicos adicionales. Sin embargo, la discusión sobre la cultura del embalse sigue abierta: algunos expertos plantean que la capacidad acumulada de agua supera la disponibilidad real y que aumentar más volumen no genera más agua por sí solo.
La gestión del agua en España, especialmente en zonas con estrés hídrico como Aragón, enfrenta un desafío complejo. La combinación entre la saturación de infraestructuras, la pérdida de capacidad por sedimentos y los cambios climáticos obliga a repensar el modelo hidráulico tradicional y a buscar soluciones integrales para asegurar el abastecimiento futuro.
