Leire, una niña con Trastorno del Espectro Autista (TEA), TDAH y discapacidad reconocida, espera desde hace meses que su colegio permita la entrada de “Miel”, un perro de asistencia en formación destinado a acompañarla y ayudarla a manejar sus crisis emocionales. Este apoyo está respaldado por un programa especializado que busca facilitar la estabilidad emocional de la menor dentro del entorno escolar.

El animal, un labrador retriever chocolate entrenado para ofrecer regulación emocional, forma parte de un plan que incluye 15 sesiones de adaptación durante varios meses. Su presencia en el aula—más que una mascota—es considerada una herramienta terapéutica clave para disminuir episodios de ansiedad, ayudar en las transiciones y mejorar la permanencia de Leire en clase.

Un informe médico elaborado por una psiquiatra del Sergas recomienda la vinculación permanente de un perro de asistencia para la menor, con el objetivo de facilitar su inclusión y bienestar. Sin embargo, los padres denuncian que el centro educativo y la Administración han prolongado la toma de decisiones mediante trámites y exigencias que, según ellos, ponen en riesgo la efectividad del entrenamiento del perro durante el presente curso escolar.

La familia sostiene que no existe una negativa oficial, pero sí una “negativa encubierta” que se ampara en supuestas fobias o alergias de otros alumnos para retrasar la autorización. Ante esta situación, la madre interpuso una denuncia ante la Inspección Educativa exigiendo el cumplimiento del derecho legal que protege el uso de estos recursos.

Además de la dimensión burocrática, este proceso representa un fuerte impacto económico para la familia, cuyo costo total supera los 14.000 euros. Hasta ahora han pagado una parte significativa y han organizado actividades solidarias para afrontar el gasto. La demora preocupa también por el retraso que genera en la inclusión de Leire, ya que otros niños en terapias similares han comenzado a usar perros de asistencia en sus respectivos colegios de Galicia.

Los padres destacan que “Miel” no es una mascota ni un adorno, sino un “regulador emocional” que, incluso en el hogar, ya ayuda a Leire a manejar crisis anticipadas, ofreciéndole calma a través del contacto físico y compañía. En este sentido, la familia insiste en que el colegio debe agilizar la implementación para garantizar los derechos y el bienestar de la niña.