La reciente imputación de José Luis Rodríguez Zapatero en la investigación del caso Plus Ultra desencadenó un enfrentamiento político intenso en el Congreso entre Alberto Núñez Feijóo y Pedro Sánchez. El líder del Partido Popular dirigió una fuerte crítica al presidente del Gobierno, a quien acusó de no solo proteger al expresidente socialista, sino también de presidir un Ejecutivo que, según dijo, tolera la corrupción como norma.
Feijóo centró su intervención en la gravedad de que un expresidente haya sido señalado como presunto cabecilla de una red de tráfico de influencias y blanqueo de capitales, y cuestionó directamente a Sánchez sobre la conexión del actual Gobierno con estos hechos. Además, puso en duda la independencia de la justicia para investigar a los miembros del PSOE, insinuando que el Ejecutivo podría intentar obstaculizar el proceso.
Durante su discurso, el dirigente popular afirmó que el lema del Gobierno es «el que pueda robar, que robe», y aseguró que España está siendo gobernada por corruptos que perjudican a los ciudadanos que trabajan honestamente. Destacó además cómo otros referentes sociales vinculados al PSOE también han sido objeto de procesos judiciales, lo que para Feijóo refleja una crisis profunda en el partido y un patrón de encubrimiento.
Feijóo responsabilizó a Sánchez de haber permitido la presunta corrupción: vinculó directamente la conducta ilícita de Zapatero con el respaldo del presidente actual, afirmando que sin él no se habrían dado estas situaciones. Este señalamiento subraya la estrategia del PP de convertir el caso Plus Ultra en un símbolo del supuesto deterioro ético del socialismo en el poder.
En respuesta, Pedro Sánchez defendió con firmeza a Zapatero, expresando su apoyo a la presunción de inocencia y asegurando la colaboración del Gobierno con la Justicia. Esta postura fue interpretada en la oposición como una muestra de que el PSOE opta por la defensa corporativa frente a las investigaciones judiciales que afectan a sus figuras más relevantes.
El debate reflejó una división marcada. Mientras Sánchez intentó mantener un discurso institucional, Feijóo logró situar la discusión en términos de crisis moral y política, generando en el hemiciclo una percepción de que el Gobierno está comprometido en escándalos graves y cercado por una justicia que pone bajo escrutinio a sus principales dirigentes.
