El malestar dentro de la Guardia Civil alcanzó un punto crítico tras la muerte de dos agentes en servicio, situación que ha evidenciado la creciente distancia entre el cuerpo y el Gobierno de Pedro Sánchez. La ausencia del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, en el funeral de los fallecidos generó una profunda indignación, vista como un gesto de abandono institucional más que personal.

Lucas Lavilla, secretario provincial de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) en Huelva, señaló que el gesto mínimo esperado era la presencia del ministro para honrar a sus compañeros. El hecho de que Marlaska se mostrara públicamente «dolido» y «rabioso», pero no acudiera a la ceremonia, fue interpretado por los agentes y sus familias como una contradicción que desató abucheos y rechazo hacia su figura.

Además, las declaraciones de María Jesús Montero calificando inicialmente la muerte de los agentes como un «accidente laboral» impactaron negativamente en el colectivo. Aunque la ministra rectificó después, la expresión fue considerada una falta de respeto, sobre todo por quienes sostienen hace tiempo que la lucha contra el narcotráfico conlleva riesgos extraordinarios que no se reconocen oficialmente.

La AUGC denuncia que, pese a las muestras públicas de condolencia, el PSOE y sus socios continuaron bloqueando en el Congreso el reconocimiento de la Guardia Civil como profesión de riesgo, un estigma que complica el acceso a ciertas prestaciones y la protección legal del personal.

Lavilla advierte también que la legislación y los protocolos existentes en España favorecen a los delincuentes más que a los propios agentes, con medidas que no protegen ni fortalecen la labor de quienes enfrentan el aumento de la violencia en zonas como la costa andaluza. Por ello reclama un endurecimiento de los procedimientos de actuación y una mejora en los medios materiales y jurídicos para la Guardia Civil.

El representante de AUGC recordó que la Guardia Civil es el cuerpo policial europeo con más agentes asesinados en acto de servicio, un dato que realza la gravedad de la situación y reforzaría la necesidad de un reconocimiento oficial que no llega.