La República Democrática del Congo (RDC) enfrenta un rebrote de ébola que ha superado los 1.000 casos confirmados, con un total de 267 muertes registradas, según el informe reciente del Ministerio de Sanidad congoleño. Hasta ahora, además de los fallecidos, se contabilizan más de un centenar de pacientes recuperados, mientras cientos permanecen internados bajo observación.
El ministerio informó que la tasa de letalidad del brote alcanza el 25,5%. En este contexto, 371 personas siguen hospitalizadas y la vigilancia epidemiológica sobre contactos reporta una cobertura cercana al 71%. Las autoridades también enfatizaron que se han investigado todas las alertas epidemiológicas y casi la totalidad de los controles en puntos de entrada fronterizos se mantienen activos para evitar la propagación de la enfermedad.
El epicentro del brote continúa concentrado en la provincia de Ituri, donde se han detectado 22 zonas sanitarias afectadas. Además, las provincias de Kivu Norte y Kivu Sur suman otras 14 zonas con casos confirmados. Ante esta situación, las autoridades insistieron en la necesidad de un compromiso sólido de la comunidad internacional para mejorar el rastreo de contactos, la capacidad de atención médica y el financiamiento de las acciones en terreno.
La Organización de Naciones Unidas recientemente designó al británico Julien Harneis como coordinador para la respuesta frente al brote en la RDC. Mientras, Uganda reportó contagios y muertes vinculados al virus, elevando la alerta internacional sobre la expansión regional del ébola. La OMS mantiene esta epidemia como una emergencia sanitaria de carácter internacional.
RDC es históricamente el país con mayor experiencia en la gestión del virus del ébola, habiendo enfrentado múltiples brotes desde su identificación en 1976 en la región de Yambuku, donde surgió el nombre del virus. La experiencia adquirida en estas crisis anteriores es clave para controlar el avance actual, aunque el desafío sigue siendo inmenso.
