La conselleria de Educación de la Generalitat Valenciana cambió su posición tras el anuncio de una huelga indefinida en la red de colegios públicos, programada para comenzar el próximo lunes. Esta medida de fuerza, que afecta a numerosos niveles educativos, promete generar complicaciones para las familias y los estudiantes, especialmente aquellos que cursan segundo de Bachillerato y se preparan para las pruebas de acceso a la universidad.
El malestar docente que impulsa la huelga se basa en la percepción de años de abandono por parte de la administración autonómica. Los salarios del profesorado permanecen congelados desde hace décadas, sin ajuste al costo de vida ni reconocimiento a su labor. Además, soportan un aumento en la complejidad educativa debido al crecimiento del alumnado extranjero, cuya integración requiere más recursos y atención personalizada, sin que las ratios de estudiantes por aula hayan disminuido pese al decrecimiento demográfico local.
La infraestructura escolar muestra signos evidentes de deterioro, reflejo de una inversión pública insuficiente que incide directamente en la calidad pese a que la educación pública es un pilar del Estado de Bienestar. Paralelamente, el profesorado denuncia una sobrecarga burocrática que desvía su atención de la enseñanza directa a tareas administrativas cada vez más absurdas y en aumento constante. La incorporación inminente de inteligencia artificial en la gestión de memorandos y respuestas burocráticas parece ser, al menos, una vía para intentar aliviar esta presión.
Desde la llegada del Partido Popular al gobierno autonómico, el deterioro en la gestión educativa ha sido palpable. Entre las decisiones polémicas destaca la implantación del sistema de líneas en los colegios, que prioriza la lengua vehicular escogida por los padres a expensas de políticas pedagógicas coherentes y cohesión interna en los centros educativos. Esta medida se tomó replicando una situación percibida en Cataluña, aunque con criterios cuestionables y poco adaptados a la realidad valenciana.
La respuesta inicial de la conselleria a las reivindicaciones docentes fue de rechazo y falta de diálogo, evidenciada en la ausencia de reuniones con los representantes del profesorado. Sin embargo, tras la convocatoria de huelga indefinida, el departamento educativo decidió manifestar su voluntad de sentarse a negociar. Este viraje llega cuando la protesta amenaza con trastocar el calendario escolar y las expectativas de miles de familias y alumnos.
