La reciente muerte de Lahbib Abdelaziz, figura destacada del Frente Polisario y miembro del Secretariado Nacional, sacude la estructura interna del movimiento saharaui, que enfrenta un relevo generacional atrasado y un declive diplomático significativo. Abdelaziz falleció durante una operación militar al este del muro marroquí, en lo que se atribuye a un ataque con drones de las Fuerzas Armadas de Marruecos.

A pesar de pertenecer a una familia con arraigo político histórico, Lahbib Abdelaziz había consolidado un liderazgo propio, combinando la autoridad de su apellido con un mando efectivo sobre las brigadas militares en los campamentos de refugiados en Tinduf. Su figura perfilaba como el principal candidato para suceder a la vieja guardia encabezada por Brahim Ghali, especialmente tras la muerte de Mohamed Abdelaziz en 2016, que dejó en pausa la transición interna.

Este suceso coincide con un contexto internacional adverso para el Polisario, marcado por el reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental y el respaldo de Francia, junto a varios países árabes y africanos, a la propuesta de autonomía promovida por Rabat. Estas alineaciones limitan la capacidad de influencia del movimiento, que ahora ve en la pérdida de Abdelaziz un golpe simbólico y estratégico, al perder a un puente crucial entre los fundadores históricos y la nueva generación de dirigentes.

Además, la muerte de Abdelaziz ocurre en un momento de intensa actividad diplomática, con visitas de emisarios internacionales al campamento de Tinduf, reflejando la compleja coyuntura política y los desafíos que enfrenta el Polisario para mantener su cohesión y legitimidad frente a la presión marroquí y los cambios regionales.