Fernando Grande-Marlaska optó por justificar su ausencia en el funeral de dos guardias civiles muertos en Huelva, asegurando que el Ministerio del Interior estuvo representado por sus máximas autoridades. Pese a reconocer su “rabia” por la muerte de los agentes, el ministro no pidió disculpas y aseguró que su presencia no era indispensable en la ceremonia debido a compromisos operativos.

Durante un acto en la Academia de Cabos y Guardias en Baeza, donde fue recibido con una sonora pitada, Marlaska expresó su comprensión por el dolor de las familias de Germán y Jerónimo, los agentes fallecidos tras la persecución de una narcolancha. Sin embargo, ante los medios reiteró que la Secretaría de Estado de Seguridad, la directora general de la Guardia Civil y el delegado del Gobierno en Andalucía representaron adecuadamente al Ministerio en el funeral.

El ministro explicó que su viaje a Tenerife respondió a la necesidad de supervisar un operativo relacionado con un brote de hantavirus, que requería coordinación internacional con la Organización Mundial de la Salud. Este compromiso sanitario fue el motivo que argumentó para no asistir al acto, una decisión que ha generado mayor malestar entre los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, quienes ya se encuentran al límite por diversas denuncias laborales y de reconocimiento profesional.

En paralelo a la polémica, el PSOE y sus socios de Sumar vetaron en el Congreso la inclusión de la Guardia Civil en el régimen de profesiones de riesgo, agravando la tensión en torno a la tragedia de Huelva.

Por otra parte, Marlaska abordó la investigación sobre la narcolancha implicada en el suceso y confirmó que las autoridades portuguesas buscan la embarcación. Destacó la cooperación directa entre España y Portugal en la lucha contra el narcotráfico, señalando además la colaboración con Europol, países latinoamericanos y regiones estratégicas como el Golfo Pérsico y los Balcanes, donde España mantiene agentes de enlace de Guardia Civil y Policía Nacional para reforzar esta tarea.

La actitud del ministro, que priorizó un operativo sanitario y subrayó la representación de altos cargos del Ministerio en el funeral, ha generado una nueva oleada de críticas internas, reflejando un ambiente de descontento cada vez más notorio en las filas policiales y militares.