Marruecos ha consolidado su liderazgo en la producción de plata dentro del continente africano y la región de Oriente Medio y Norte de África (MENA), al generar cerca de la mitad del total extraído en África y dominar casi por completo el mercado en el área MENA.

Las cifras oficiales revelan que el país produce anualmente alrededor de 12 millones de onzas, equivalentes a unas 373 toneladas métricas de plata, un volumen que lo sitúa como un actor relevante a nivel mundial. Esta posición no se debe solo a recursos geológicos, sino a una estrategia estatal enfocada en atraer inversión extranjera directa y modernizar la tecnología minera, lo que ha permitido elevar la capacidad operativa y la eficiencia en los yacimientos.

Históricamente, América Latina concentró la mayor parte de la oferta mundial del metal, mientras que Marruecos emerge ahora como el único proveedor en su área geográfica capaz de incorporarse de forma directa a las cadenas internacionales de producción y suministro.

Esta expansión también está respaldada por nuevas autorizaciones para proyectos de exploración y explotación, que anticipan un aumento en la producción en los próximos años. La viabilidad técnica de estos emprendimientos sugiere que Marruecos mantendrá o incluso ampliará su influencia en el mercado.

El auge en la demanda de plata responde, en gran medida, a su papel estratégico en la transición energética global. Su alta conductividad eléctrica y térmica la convierte en un insumo crucial para tecnologías que buscan descarbonizar la economía mundial, más allá de los usos tradicionales en joyería o como activo financiero.

Este cambio en las lógicas de consumo posiciona a Marruecos no solo como un país extractivista, sino también como un actor relevante en la industrialización vinculada a energías limpias, un sector en crecimiento con alta proyección tecnológica. La conexión con infraestructuras logísticas como la plataforma industrial de Tánger Med fortalece además su acceso al mercado global.