Israel ha declarado su rechazo al acuerdo nuclear que Estados Unidos e Irán negocian, sin contar con la participación ni el consentimiento de Israel. Benjamin Netanyahu afirmó que no firmará un acuerdo que se haya gestado al margen de su país, incluso antes de que el texto definitivo sea público.
La postura de Netanyahu refleja no solo su desconfianza hacia el resultado del pacto, sino también la compleja situación política local. Enfrenta tensiones internas derivadas de sus intentos de controlar el sistema judicial, lo que ha generado importantes protestas, además de un rechazo generalizado a ciertos acuerdos con Hamas y a la política de seguridad propia en relación con la guerra en Gaza.
Respecto a la amenaza iraní, Netanyahu mantiene firme su compromiso de continuar con bombardeos en el Líbano en respuesta a cualquier ataque de Hezbollah en el norte de Israel. Su preocupación principal se centra en la presión del gobierno de Estados Unidos por cerrar un acuerdo antes de las elecciones legislativas norteamericanas de noviembre, lo que podría condicionar la solidez y el contenido real del pacto.
El pacto en discusión no contempla, como Israel esperaba, el desmantelamiento total del programa nuclear iraní. En cambio, dejaría abiertas ciertas posibilidades futuras, lo cual satisface a las fuerzas más influyentes dentro del régimen iraní, como la Guardia Revolucionaria. Esta laxitud ha generado escepticismo no solo en Tel Aviv, sino también entre importantes negociadores del equipo estadounidense, entre ellos Jared Kushner, y altos funcionarios que participaron en las negociaciones.
Además de Israel, otros actores clave como Pakistán, que funge como mediador, han expresado dudas sobre el alcance y la efectividad del acuerdo. El gobierno de Estados Unidos, por su parte, destaca que la reapertura del estrecho de Ormuz y la consecuente reanudación del transporte de crudo constituyen objetivos prioritarios que presionan la firma antes de que se conozca a fondo el texto definitivo.
Queda por verse la respuesta oficial y social en los tres países involucrados luego de la divulgación del documento final. La ausencia de Israel en la definición de esta negociación ha generado críticas sobre la validez de un acuerdo de paz en Oriente Medio que no cuente con su apoyo.
