Ángel Mato decidió presentarse nuevamente como candidato a alcalde de Ferrol, a pesar de haber sido derrotado en la elección anterior tras una gestión marcada por la paralización de proyectos y reclamos ciudadanos. Su regreso ha generado sorpresa debido a su persistencia a pesar de las críticas y cuestionamientos sobre su capacidad de liderazgo.
Durante su mandato, la ciudad experimentó una notable lentitud administrativa y numerosos proyectos quedaron estancados, mientras los vecinos enfrentaban problemas cotidianos que no encontraron solución eficiente. Uno de los ejemplos más destacados fue la demora en aprobar el convenio de Sánchez Aguilera, que solo se desbloqueó al final de su período y gracias a factores externos a su gestión. Esta falta de resultados contrasta con el discurso de Mato, quien ahora señala con vehemencia las deficiencias del actual gobierno municipal.
Este retorno político también se acompaña de cambios en su equipo cercano, donde destaca su número dos, que pasó de criticar duramente la falta de acción de Mato durante su gobierno a apoyarlo incondicionalmente en esta nueva etapa. Este cambio radical en la postura generó dudas sobre la coherencia y los verdaderos motivos dentro del proyecto socialista local, que algunos interpretan como un predominio de intereses personales sobre convicciones políticas.
En contraste con Mato, una figura que destaca en el escenario político local es Eva Martínez Montero, concejala de Asuntos Sociales, cuya labor discreta y cercana ha sido valorada por la comunidad. Su compromiso práctico, como ayudar directamente a familias necesitadas sin buscar protagonismo mediático, representa un enfoque distinto al que mostró Mato en su gestión y primera campaña.
